Entusiasmo suprimido
By: Keith
Yo he aprendido durante el curso de los últimos años a no suprimir mi entusiasmo por cualquier cosa que mis hijos logran, y a hacer lo más que puedo por tratar a mis hijos de diferente manera dependiendo de cada una de sus personalidades y fortalezas. Hubo un tiempo en el que yo me encontraba, en ocasiones, siendo subyugado en mis felicitaciones por miedo a hacer que uno de los niños se sintiera “menos.” Era mi intento de mostrarles que yo no tengo favoritos. Por supuesto, la lección aquí es que el estar orgulloso de uno de tus hijos nos significa que tú no estás orgulloso del otro. El darles elogiar uno no significa que vas a tomarla del otro. Pero, yo estaba algo preocupado de que si yo … los éxitos de mi hijo mas atlético entonces eso haría que mi hijo el cerebrito se sintiera inadecuado. O, cuando yo le diera a uno una palmadita por haber hecho muy bien sus ejercicios de matemáticas que el otro se sintiera desanimado por tomarse más tiempo en entender sus lecciones. Una cosa importante que todo padre debe aprender es que no existe demasiado elogio. Y, no va a haber resentimiento entre hermanos siempre y cuando ellos estén conscientes de que cada uno posee diferentes cualidades y que son igualmente admirables. Y también está el asunto de la competencia con los de afuera. ¿Es mejor el mantenerles en una burbuja protectora para que nunca se desilusionen? O ¿Es mejor dejarles fracasar para que puedan aprender que no son muy buenos con algo? Los niños aprenden cuando compiten el uno con el otro y algunas veces ganando y algunas veces perdiendo. Puede ser desilusionante el perder, pero no existe otra mejor oportunidad para aprender.
Como ya lo he mencionado antes, uno de mis hijos es uno de esos tipos de atletas que no vienen todos los días. Es un dotado; no hay otra manera de ponerlo. Mi hijo pequeño es perfectamente normal cuando se trata de deportes. El se divierte, pero no es fantástico en los deportes. Como actividad atlética ambos toman clases de gimnasia (al mismo tiempo aunque en diferentes clases) y yo me siento con el resto de los padres a verlos. Después de la clase yo les recojo en la puerta del gimnasio y quiero derramar palabras para decirles que bien lo hicieron. Pero, obviamente no puedo darles los mismos elogios porque eso sería deshonesto. Mi vieja manera de resolver este problema era simplemente no decir mucho. Yo les daba un igual “bien hecho” a los dos y una palmadita en la cabeza. Pero afortunadamente me dí cuenta de qué tan malo era esto.
Mi hijo mayor merece todo el derrame de elogios que había estado reprimiendo, de la misma manera que mi hijo pequeño se merece todos los elogios que quiero darle cuando hace sus ejercicios de matemáticas tan bien. Mi nueva manera de arreglármelas con esto es el dar todos los elogios que puedo darle a un niño mientras le pregunto al otro si le gusto su clase y si se divirtió. Después me los llevo a los dos a comer helado. Y, es un milagro, no hay conflicto. El resultado es que mi hijo mayor sabe que estoy muy orgulloso de él, y mi hijo menor sabe que estoy orgulloso porque él participó en su clase y trató de hacerlo lo mejor que pudo. Los dos consiguen un helado. Los helados siempre hacen a los niños felices.
Ahora, desde el punto de vista de mis hijos, me he dado cuenta que ambos son competidores naturales. Ellos siempre quieren ganar, y cuando no ganan, se frustran demasiado. Recientemente hay un movimiento entre educadores y entrenadores que les da a los niños calificaciones y marcadores dependiendo en el esfuerzo que pusieron en lugar del cumplimiento. En deportes, yo he visto juegos últimamente en donde ni siquiera llevan marcador. Los niños se la pasan corriendo por todos lados hasta que el tiempo termina. Raro. En algunas escuelas, he escuchado de profesores que no reprueban porque eso hace que los niños se sientan mal. Incluso, hay una escuela en New Hampshire que ni siquiera da calificaciones. Esto esta correlacionado con lo que estaba diciendo antes acerca de la clase de gimnasia de mis hijos. A mis dos hijos no les importa que uno sea mejor en gimnasia que el otro. Ellos han aprendido a aceptar que hay algunas cosas que uno de ellos es naturalmente mejor mientras que el otro puede que tenga un poco de problemas. El nombre del juego es, perder o ganar, pero ellos no se rinden, y los dos salen de la experiencia sin resentimientos. Esa es la vida. Mi rol como padre es simplemente animarles a hacer lo mejor que puedan y a empujarles para que nunca se den por vencidos. Mi trabajo, como he aprendido, no es el ablandar el dolor al fracaso removiendo los obstáculos o tratándolos como si fueran la misma persona para que el otro no se sienta mal. Mi trabajo es el hacerle sentirse seguros de sí mismos, de quienes son, siendo honesto con mis elogios. Yo estoy igualmente orgulloso de que mi hijo pequeño no se rinde en los deportes, de la misma manera que estoy orgulloso de que mi hijo grande sea tan bueno a esto. Pero eso no quiere decir que los elogios que les de sean exactamente los mismos. Estos serán acomodados a cada uno de mis hijos para que ellos sepan que yo reconozco las fortalezas y esfuerzos de cada uno.
Lo más importante que hay que aprender en los deportes, educación, y la vida en general es que no podemos ser buenos en todas las cosas. My hijo pequeño es un pensador. El es un maravilloso lector y el puede formular ideas en su cabeza con gran claridad. Mi hijo mayor es un dotado atleta que puede correr círculos alrededor de la competencia. Yo solía tratar de hacerlos sentir bien al contener cuánto entusiasmo mostraba cuando uno de ellos lograba hacer algo impresionante, para que el otro no sintiera que no había hecho un buen trabajo. Pero la vida no funciona de esa manera. Nosotros ganamos a algunas cosas y perdemos a otras. Cuando los padres, entrenadores o maestros tratan de mitigar la desilusión de un niño al hacer las cosas más fáciles o dándoles la trivialidad de que todos de alguna manera son iguales, el niño no va sentir que haya caso en competir. Esa es la receta segura para conseguir mediocridad. En cuanto a mí, yo se que lo que necesito hacer es apoyar igualmente a mis dos hijos pero al mismo tiempo ser consciente de sus diferencias. El soportarlos de la misma manera no es lo mismo que elogiarlos igual. Nos niños saben cuando sus padres son falsos. Ellos saben cuando sus padres les están dando trivialidades en lugar de elogios honestos. Siempre y cuando yo sea honesto con mis hijos, ellos siempre van a dar lo mejor de sí mismos, y al final, van a ser todo lo que pueden ser en la vida.
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