Historia de los Viernes #3

By: Keith

pool

 

Esta historia está basada en el porqué, de acuerdo con lo que me dijo mi hijo más grande Neil, son las razones por las que no le gusta la alberca con carriles.

  

El Nadador

Por Keith Wilcox

 

“Cielos, esta honda,”  Joe murmuró para sí mismo.  Todavía no era su turno.  Aunque él deseaba que lo fuera.  Chris acababa de entrar a la alberca.  “Nada!”  le gritaba Nancy.  Ella lo decía con ánimo.  Chris respondía dando la vuelta en su carril y flotando de a perrito por unas cuantas brazadas.  “Eso no es nadar! Haz el Crol!”  Chris le dio un vistazo al final de la alberca y a donde estaba su bloque de entrada, el tenia el carril numero 8.  Entonces empezó a nadar.  “Muy bien Chris! Así se hace!”  Ella no lo decía para beneficiar a Chris, quien se encontraba a 15 metros de distancia y tenía su cabeza bajo el agua.  “Joe, tu sigues.”  Joe no dijo nada.  El se hizo paso de entre sus compañeros y se sentó junto a Nancy.  Joe colgaba sus pies en el agua mientras observaba a Chris.  Chris tocó la pared en el otro lado  se empujo para dar la última vuelta.   “Tú vas a hacerlo hacerlo bien”  Nancy le sonrió mientras le daba unas palmaditas en la cabeza.  “Gracias.”  Joe puso una sonrisa.  Ye pateo el agua con sus pies.  El pateaba de un lado a otro y luego en círculos.  El se preguntaba si podría crean un remolino.  “Ya casi llegas!”  Nancy se puso de pie y puso sus manos en sus rodillas.  El resto de la clase empezó a en ovación.  Joe se movió hacia un lado para hacer espacio para la llegada de Chris.  Chris llegó salpicando la pared.  El saco su cara del agua y toco la pared.  El estaba sin aliento – y sonriendo.  La clase le gritaba en ovación.   “Okay, Listo, Joe?”

 

Joe se deslizo en el agua fría.  Ellos mantenían el agua fría en la alberca de carriles.  La alberca libra siempre estaba unos 10 grados Fahrenheit mas tibia.    Pero, la alberca libre no era profunda.  No hubiera sido muy útil para que los niños que necesitaban practicar sus brazadas.  La alberca de carriles estaba fría, pero era un buen lugar para practicar.   “Anda, Joe!”  Nancy sonreía mientras lo decía.  Joe miro hacia el carril y se empujo hacia adelante con la pared.  Sus brazos estirados frente mientras cortaba el agua.  Joe trataba de poner tanta distancia como fuera posible entre él y la pared antes de empezar a bracear.   El se dejo llevar por el momento mientras empezaba a patalear.  Joe era un muy buen nadador.  El mantenerse a flote no era lo que a Joe le preocupaba.  Era el fondo de l la alberca lo que le asustaba.  O más bien, el espacio vacío entre él, suspendido en la superficie, y los azulejos en el fondo de la alberca.  El se imaginaba que era perseguido por un tiburón o algún otro monstruo escurriéndose por el drenaje para atraparle.  La alberca se veía mucho más inocente desde afuera.

 

Joe cruzó la mitad.  Le tomaba tres brazadas por cada respiro.  Esto le daba suficiente tiempo para mirar los azulejos alejarse de él al fondo de la alberca mientras les pasaba.  El tomó otro respiro.  Cuando el miro hacia abajo otra vez el agua estaba más azul, estaba en la parte más honda de la alberca.  El pánico empezó a sentarse y él empezó a pedalear furiosamente para alcanzar la pared.  Otro respiro, ya casi llegaba.  La línea en el fondo terminaba en la letra “T” y el se estiro para alcanzar a pared.  “¡Llegué!”  El levanto la cabeza fuera del agua para tomar un respiro profundo.  “Ándale!”  Nancy le gritaba a todo pulmón desde el otro lado de la alberca.  Joe se preguntaba si ella había estado haciendo lo mismo durante todo este tiempo.  El volteo su cuerpo hasta que se encontró viendo a Nancy directamente y al resto de su clase.  Su barbilla estaba rozando la superficie del agua, él estaba sin aliento pero sus brazos todavía estaban estirados hacia atrás y todavía estaban sujetando la pared.  El encogió sus piernas contra la pared.  ¡Whoosh!  El empujó.

 

Joe metódicamente iba contando, tres brazadas un respiro, tres brazadas un respiro.  Cada vez que su cara entraba al agua el observaba su alrededor.  El vio un curita y una moneda.  El salió a tomar aire.  Volvió a meter la cabeza bajo el agua.  Esta vez ignoro la basura que podía ver en el fondo.  La alberca se veía muchísimo más grande en tercera dimensión.  Le hacía sentirse tan pequeño.  El empezó a pensar cómo se sentiría el flotar en el espacio sin ayuda.  Apestaría.  Pero entonces, empezó a ver los azulejos acercarse hacia él mientras cruzaba la mitad de la alberca.  De repente ya no se sentía tan pequeño.  Su próximo respiro le trajo los sonidos de porras.  El no sabía que palabras estaban diciendo.  Pero el podía oírles, y eso era bueno.  Nuevamente la línea terminó en la letra “T” y Joe se estiro para tocar la pared.  “¡Lo hice!”  Fue lo primero que dijo cuando salió a tomar aire otra vez.   “Mmm,” sus brazos también se sentían adoloridos.

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