Historia de los Viernes #8
By: Keith

Jeans
Por Keith Wilcox
El centro comercial era un caos organizado. No había letreros que dijeran camina a la derecha, pero la gente, por la mayor parte, caminaba del lado derecho. De vez en cuando venía el individuo, normalmente un hombre, quien desafiaba las leyes y caminaba contra la corriente. La corriente era ambivalente; trataba al hombre como la sangre trata placa en las arterias; pasaban alrededor. Estas obstrucciones ocasionales añadían al caos y causaban que la procesión de gente, que de otra manera era algo organizada, se estancara. Algunas personas se quitaban fuera del camino volteando sus cuerpos de lado para no tocar al intruso. Peo algunas personas simplemente se detenían en su camino, a esperar a que algo pasara. La gente que venía detrás de ellos se estrellaba, y eventualmente todos volvían a empezar a caminar hacia donde iban. Como todas las cosas en la vida, el orden era restaurado – casi. La escena entera, vista desde arriba, debería de verse increíble con esa bola de gente y sin chocar unos contra otros. Algunas personas tenían un lugar a donde ir, pero no la mayoría. Estos venían al centro comercial a ver otras gentes o comer, o simplemente a escapar del calor del verano. Ellos parecían disfrutar viendo los aparadores, admirando la cosas que podían comprar pero no lo hacían, y las cosas que querían comprar, peo no podían.
Andy vino al centro comercial con su mamá quien andaba buscando unos jeans nuevos. El deseaba que pudiera ver sobre la gente porque no le gustaba ser jalado por una mano, y pasar gente que no se habían ni siquiera dado cuanta que el estaba ahí debajo. Y si ellos sabían que él estaba ahí, no podía decirlo. El simplemente quería mantenerse fuera. Andy caminaba detrás de su mama y todavía cogía su mano. El trataba de usar su cuerpo como burlete contra la corriente para eludir choques con otras personas. Funcionaba bien, pero el miraba hacia arriba, para ver las caras de las personas que pasaban de lado sin verle. Estas personas estaban gordas, al menos la mayoría, y un poco asquerosas. Al menos eso era lo que pensaba Andy. Algunas personas se veían amigables. Siempre eran las ancianas las que notaba a los niños pequeños. Ellas notaban a Andy. Cada una que pasaba le sonreía, y caminaban lentamente, como si estuvieran hastiadas por la conmoción y al mismo tiempo, fascinadas con el lugar. A Andy le gustaban las ancianas. Si madre no ponía atención; ella solo quería sus jeans.
Ellos entraron a Macy’s, y la multitud de gente de pronto desapareció. Andy dejo la mano de su mamá, peo no se alejó de ella. El tomo un momento para mirar atrás, hacia la ruidosa multitud afuera. El se dio la vuelta hacia su mama.
“No te apartes de mi lado, Andy.” Dijo su mamá.
“Está bien, mamá.” Andy no tenía ninguna intención de alejarse del lado de su madre. Los niños siempre se están perdiendo en las tiendas departamentales; pero nunca tienen la intención de perderse. Simplemente lo hacen. Los dos caminaron dentro del Macy’s y hacia el lado derecho, el departamento de damas. Su mama empezó el ritual de inspeccionar cada par de jeans y a hacer una imagen mental de cómo creía que se veía en esos pantalones. Ella escogió un par, eran pantalones negros de tubo, y se los puso sobre la cintura sobre ella, y se miró al espejo. Incluso Andy sabia que viendo los pantalones en 2D no ayudaba. El deseaba que su mamá escogiera unos cuantos y se los probara. Eventualmente, eso fue lo que ella hizo, y se lo llevo con ella, por supuesto, al cambiador. A él como que le gustaban los cambiadores. A Andy le gustaba mirar las imagines fractales de sí mismo en los espejos de los cambiadores, era como estar en una mini casa de la risa. Andy no era muy bueno estimando el tiempo, pero finalmente se cansó de verse a sí mismo en el espejo. El esperar a que su madre escogiera un par de jeans tomaba paciencia. Finalmente, ella encontró un par, que para Andy, se veía igual que todos los demás.
Los dos se fueron hacia la caja registradora. Mientras su mamá esperaba por una cajera, Andy vio, a su nivel de ojos, una pila de carteras de piel. El recogió una y estuvo jugando con esta por un rato. El la abrió, la olfateo, le dio vueltas, y reviso todos los compartimientos interiores para las tarjetas de crédito. La puso de vuelta. El continúo viendo otros tipos diferentes de entre las diferentes canastillas. Había cafés con diseños, unas grandes y unas pequeñas, unas negras simples que eran muy suaves, y otras que no lo eran. Todas tenían ese aroma distintivo a piel. Junto a las carteras tenían llaveros y plumas, monederos, tarjetas para regalo, y hasta había un pequeño lote de chocolates. Andy quería un chocolate.
“Son 87.95” La cajera le estaba diciendo a su mama el daño. Andy había aprendido acerca del daño antes, cuando habían ido a comer a un restaurant y su papá recibió la cuenta. Su mamá sin chistear pago, y la cajera completó la transacción poniendo los jeans y el recibo en una bolsa lujosa y se la dio a su madre.
“Okay Andy. Tiempo de regresar a casa para comer.” Ellos se dirigieron a la misma dirección de la que vinieron, y salieron de Macy’s pro la misma puerta por la que entraron. Se metieron en el torbellino, Andy detrás de su madre y mirando a la gente. Pero esta vez, no estaba viendo a las ancianas. Esta vez estaba viendo hacia atrás, hacia Macy’s. Mientras más se alejaba de Macy’s, menos culpable se sintió acerca de la cartera de piel que él había puesto en su bolsillo.
Fin
Related posts:



Ha! You got me! Very good
Ah, sneaky thievery!